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viernes, 23 de septiembre de 2011

FERNANDO I DE AUSTRIA, EL EMPERADOR OLVIDADO

Cuando hablamos del imperio austríaco dos nombres de emperadores nos vienen a la mente: Francisco I, suegro de Napoleón y Francisco José I, más conocido por ser el marido de Sissi. Lo que gran parte del público desconoce, es que en medio de estos dos emperadores reinó durante trece años, Fernando I, de Austria y V de Hungría. el cual es un perfecto desconocido para el gran público.

Fernando I nació el 19 de Abril de 1793 en Viena. Era hijo de Francisco I de Austria y por tanto, cuñado de Napoleón I. Desde su nacimiento padeció epilepsia y tenía retraso mental como consecuencia de una hidrocefalia, Gene Smith en su libro "MAXIMILIANO Y CARLOTA"  nos cuenta sobre él que, siendo el heredero: era retrasado mental (...). Era incapaz de recordar nombres , y tenía que ser izado y asegurado en la silla cuando quería montar a caballo. (...) También solía (...) meterse en dentro de un gran cesto de recoger papeles y echarse a rodar por los salones Hofgur y Schoenbrunn; y se divertía así pese a hallarse en el umbral de la edad madura". El político inglés Lord Palmerston lo calificó como lo más semejante a un idiota. 

María Ana de Saboya, Hija del rey de Cerdeña, cuentan que al ver a su esposo las lágrimas asomaron a sus ojos

Pese a su discapacidad, Fernando era una persona de una gran bondad y muy religiosa, por lo que llevó el sobrenombre de  El Benigno. Era consciente de sus incapacidades e intentó hacer las cosas lo mejor posible. Su trato afable lo hacía popular entre las gentes sencillas. Escribía un diario en cuyo texto nos muestra claramente su retraso. 

En 1831 contrajo matrimonio con la princesa María Ana de Saboya igual de piadosa que él, no tuvieron hijos. En 1836 fue coronado en Praga como rey de Bohemia siendo el ultimo monarca coronado con ese título.

Sucedió a su padre al frente del imperio en 1.835. Con cuarenta y un años pasaba a ser: Emperador de Austria, rey de Hungría, de Bohemia y del reino Lombardo-Vénetto, y presidente de la Confederación Germánica, entre otros títulos. A ello, se unía una total incapacidad para gobernar, por lo que el poder real estuvo en manos de una regencia en la sombra presidida por el canciller Metternich. 

Este político austriaco, arquitecto del Congreso de Viena de 1.815, y partidario del absolutismo al más estilo feudal, estableció una férrea censura y persiguió todo vestigio de liberalismo. Su poder fue total durante el reinado de Fernando I. El ejército secundaba con mano de hierro esa política. Lo normal hubiera sido incapacitar a Fernando para reinar, pero eso hubiera puesto en peligro los principios del absolutismo y el canciller no estaba por la labor.

Metternich en sus años de Canciller
La asfixia a la que sometió, el príncipe  Metternich, al imperio, a través de su red de espías y una absorbente burocracia le granjeó el odio general, no viéndose afectado el propio emperador de esa inquina. Sólo faltaba la chispa que haría estallar la revuelta. 

En 1.848 estalla la revolución en Francia que significará el destronamiento de Luis Felipe I de Francia. El suceso generó un efecto dominó en toda Europa, llegando a Viena. La excusa de la prohibición de un banquete provocó los disturbios que se extendieron por todo el imperio. Pero las iras no iban contra el emperador sino contra el todopoderoso canciller. Metternich fue obligado a dimitir, su palacio fue saqueado e incendiado mientras las turbas exigían su cabeza. La familia imperial se vio obligada a abandonar Viena. Los radicales se habían impuesto y la capital del imperio fue tomada por las turbas. Sobre este suceso, se cuenta que cuando el emperador, le preguntó a su canciller qué sucedía en las calle, éste le contestó que se estaba iniciando una revolución, a lo que Fernando I preguntó: Ya, ¿Pero tienen permiso?

Restaurado el orden, el príncipe Félix de  Schwarzenberg, nuevo canciller, recomendó a Fernando que abdicase en su sobrino el archiduque Francisco José.
Francisco José I en su juventud

 El 2 de Noviembre de 1848, en el palacio arzobispal de Olmutz, donde se había refugiado la familia imperial durante los disturbios, el archiduque Francisco José fue llamado al despacho del emperador Fernando. Allí ante la familia imperial y la corte, Fernando I de Austria abdicaba en su sobrino. Se iniciaba el reinado de Francisco José I que duraría casi sesenta y ocho años. Así contaba, en su diario, nuestro protagonista su abdicación: 

El asunto acabó con el nuevo Emperador arrodillado ante su viejo emperador y Señor, debo decir, yo, pidiéndole su bendición, la cual di, poniendo ambas manos sobre su cabeza y haciendo el signo de la Santa Cruz (...) entonces lo abracé y besé a nuestro nuevo Señor, y fuimos a nuestra habitación. Después de todo esto, Yo y mi querida esposa oímos Santa Misa (...) más tarde yo y mi querida esposa hicimos el equipaje.

Efectuada la abdicación, Fernando y su esposa se trasladaron a Praga donde fijaron su residencia. Todavía viviría para ver la derrota de Austria en 1859 frente a la alianza del Piamonte y Francia con la consiguiente perdida del reino Lombardo -Venetto cuya corona había ceñido. Y también recibió la noticia de la derrota de su país en la guerra Austro-Prusiana de 1.866 que supuso el fin de la supremacía austriaca en el mundo germánico cuya confederación presidió.

Fernando I en 1.870


Moriría el 2 de Diciembre de 1875 a los ochenta y dos años de edad y veintiséis años después de su renuncia al trono. Fue solemnemente enterrado en la cripta Imperial de Viena. La historia le había reservado un papel para el que no estaba capacitado. El largo reinado de su sobrino enterró su recuerdo. Pero difícilmente podríamos entender la historia de Europa Central durante la primera mitad del siglo XIX, sin asomarnos a sus trece años de reinado de cuyos errores y desaciertos fue totalmente inocente. 

2 comentarios:

  1. Qué vida más triste!!!!no hay peor cosa que utilizar a un discapacitado en cuestiones de poder y política!!!también me recuerda a nuestro CarlosII de Austria(al fin y al cabo eran familia)¿o no?

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  2. Lo acabo de twittear. Hay personajes muy interesantes, de cuyos reinados podemos obtener datos muy relevantes, que han sido relegados a un papel secundario en la Historia.

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