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jueves, 1 de agosto de 2013

EL HONOR PERDIDO DE FRANCISCO JOSÉ GARZÓN

En 1974 el premio nobel de literatura alemán Heinrich Böll, publicó la novela El honor perdido de Katharina Blum, en la que la protagonista, desde el minuto cero, era blanco de la prensa que la criminalizó en solo cuatro días volcando a la opinión pública contra ella.

No he podido evitar recordar ese libro, en estos días en que mi Galicia se ha visto sacudida por la mayor de las tragedias ferroviarias de los últimos años. Dentro de la conmoción general dos cosas me llamaron poderosamente la atención: El ejemplar comportamiento de los vecinos de la parroquia de Androis, los héroes de aquellos momentos y, por otra parte, el desmesurado interés de culpar al maquinista de todo.

En un momento en que todos llorábamos; la prensa (especialmente la afin al poder) no tardó en dar datos, cada cual más grotesco, con el fin de hacernos creer que el maquinista don Francisco José Garzón era el único culpable de las 79 muertes. Poco ha faltado para hacernos creer que era un kamikaze a los mandos del tren.

A mi siempre se me ha dicho que toda persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario y lo será mientras los tribunales no dispongan otra cosa. Para ello se ha de demostrar su culpabilidad (y no al contrario), esperar a que todas las pruebas sean analizadas y valoradas conforme a derecho. Hasta ese momento, creo oportuno pedir a los medios de comunicación la mayor de las discreciones en todas sus opiniones, y la más exquisita de las prudencias.

También deseo, desde estas líneas, manifestar mi disconformidad por la forma en que se ha tratado al señor Garzón, arrestándole en mitad de un trauma como estaba viviendo y llevándole esposado ante el juez como si de un peligroso criminal se tratase y permitir que sea fotografiado en tan humillante situación despojándole de toda dignidad.

Ahora lo que hay que hacer es dejarle en paz y ver hasta qué grado ha podido tener responsabilidad, pero siempre desde la presunción de inocencia. Meter en la herida el destornillador de la infamia no es ético.

Hay que buscar respuestas y no culpables para desviar otras responsabilidades que pudiesen derivarse de más alto. Puede haberse cometido un error, pero no  condenemos hasta saberlo todo, su honor no ha de quedar mancillado por, quien sabe qué siniestras razones.

Errare humanum est pero sea cual sea la sentencia de este caso, lo acontecido acompañará a Francisco José Garzón para el resto de su vida. Por lo tanto, tengamos la fiesta en paz y no criminalicemos a nadie.


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