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viernes, 9 de marzo de 2012

¿QUO VADIS EUROPA?


Cuando finalizó la segunda guerra mundial, una de las más devastadoras guerras que el planeta jamás había conocido. La Europa hegemónica que dictó su imperio al mundo quedaba reducida a escombros y ante un proceso de descolonización sin precedentes que le privó de las bases de su poder. Estados Unidos y la URSS cogían la hegemonía mundial. Europa occidental (la oriental estaba en manos del comunismo) se dio cuenta que el camino futuro no estaba en la rivalidad nacionalista sino en la unidad.

El 9 de Mayo de 1950 el ministro de asuntos exteriores francés de origen alemán Robert Schuman lanzó el discurso que lleva su nombre (Véase La Declaración Schuman) y que sería la base de la unidad de Europa. Con el tratado de Roma la unión del continente daba sus primeros pasos en 1957; y con el correr del tiempo las naciones europeas se fueron uniendo, siendo a día de hoy un territorio de  4 324 782 Km2 y con una población de 501 105 661 de habitantes repartidos entre sus 27 estados miembros.  El tiempo le dio la razón a Schuman cuando las naciones de la vieja Europa descubrieron por sí mismas que era más los que les unía que lo que les separaba. La unión de del viejo continente tomaba forma.

El año 2002, en plena prosperidad económica, Europa dio un paso importante, aunque insuficiente, al adoptar la moneda única el Euro. Ahí empezaron los problemas de los europeos.

No voy a negar las ventajas de una moneda única. Por un lado significa viajar de Portugal a Finlandia sin necesidad de cambios de monedas y quien dice tráfico de personas también lo dice de mercancías. Pero la implantación del Euro vino, desde mi punto de vista, acompañada de dos errores:

El primer error fue el modo y manera de como se realizó el trueque del euro con las monedas nacionales. En muchos estados como España, surgió un alza de los precios al redondeo; lo que encareció los productos a la venta, mientras se mantenían los salarios como estaban. Ello produjo una reducción salarial encubierta. En España el alza de precios por el redondeo ha sido, en algunos casos, sangrante con  los productos de primera necesidad. 

El segundo error, y más importante, fue que se implantó una moneda única sin una política económica y fiscal única, cada estado hizo la suya. Las consecuencias las estamos pagando ahora. Estados como Francia y Alemania se encuentran lastrados por estados como Grecia la cual,  sujeta a sus compromisos con Europa no puede hacer lo que sería lógico en estos momentos económicos tan difíciles: Devaluar su moneda.

La devaluación de una moneda puede parecer una medida muy dura pero los resultados llegan a medio plazo. En el caso de Grecia abarataría sus productos para ser exportados lo que ayudaría a la entrada de divisas unido a la afluencia masiva de turistas al ser un país barato. Pero al tener una moneda única la solución, a simple vista,  más viable no se puede llevar a cabo. Y la situación griega o de cualquier país, como he dicho más arriba, lastra y de manera considerable cualquier recuperación europea.

Se impondría en este caso una unidad en la política económica, como primer paso a la unidad política de Europa con una sola voz y no un coro de veintisiete voces,  pero ¿quien le pone el cascabel al gato?

¿Estarían los estados miembros dispuestos a ceder esa parte de su soberanía para que desde Bruselas se decidiese lo que producir, fabricar o vender? ¿O que se suprimiesen actividades económicas locales, por mandato europeo,  en aras del bien común? Complicado ¿verdad?

Y sin embargo sí o sí, este es el debate que tienen que plantearse en la Unión Europea. Tenemos que dejar de pensar como franceses, belgas, alemanes o españoles. Si queremos salir adelante y que el proyecto europeo, por el que tan fuerte se ha apostado funcione,  toca pensar como europeos y solo como europeos.

La Europa que deseamos ha de tener una sola voz. Tenemos que pensar, no como una comunidad, sino como una nación, sin renunciar por ello a nuestras singularidades culturales. Europa está ahora en la encrucijada más importante que decide su futuro. Solo nos queda preguntar:   ¿QUO VADIS EUROPA?





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