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miércoles, 1 de agosto de 2012

FERNANDO VII, LA ACCIDENTADA NOCHE DE BODAS DE UN REY 1819



En 1819 moría Doña Isabel de Braganza , segunda esposa de Fernando VII. El rey seguía sin tener descendencia por lo que se buscó una nueva esposa cuanto antes. La elegida fue la princesa alemana María Josefa Amalia de Sajonia de dieciseis años. 

La princesa, hija del principe Maximiliano de Sajonia, era veinte años más joven que su prometido y, desde pequeña, había vivido en un convento de monjas que abandonó para casarse. Ni que decir tiene, que desconocía el cómo hacer un niño, y así llegó a España.

Fernando VII ya era un hombre demasiado experimentado y además, su miembro era más grande que la media (en los burdeles madrileños se le conocía cono Hércules) y a la recién casada nada se le había explicado.

El problema llegó en el momento de la noche de bodas. Según cuenta Gonzalez Doria, Fernando VII "a poco de haber entrado en la regia alcoba, salió de ella más que deprisa, en paños muy menores, echando pestes y apestando a demonios". Lo que se deduce que Maria Josefa evacuó por delante y por detrás.


Maria Josefa Amalia de Sajonia, 3ª esposa de Fernando VII

El problema se agravó, porque la reina se negaba a tener relaciones sexuales con el rey alegando que era pecado. Cuando el rey quería acostarse con ella, la reina le hacía rezar un rosario y otro y otro hasta que, harto, Fernando VII se retiraba. En diez años de matrimonio "el deseado" rezó más rosarios que en resto de su vida. De nada sirvieron intervenciones de sacerdotes y  confesores. Tuvo que intervenir el papa Pio VII en una carta personal para que Maria Josefa aceptase consumar el matrimonio. Eso sí, previo rezo de un rosario, para desesperación del marido.

En diez años de  matrimonio no hubo hijos. A cambio, la reina aprendió el español correctamente y se dedicó a escribir poemas de muy escasa calidad, rozando lo cursi. Murió en Aranjuez, el 18 de Mayo de 1829 a los 25 años, como consecuencia de unas fiebres.

Como Fernando VII  seguía sin descendencia, se tuvo que buscar una cuarta esposa y según dicen cuando alguien le insinuó otra princesa de la casa de Sajonia. La respuesta del rey fue contundente: ¡No más rosarios ni versitos, coño!  Ya había tenido suficiente.

1 comentario:

  1. Es lo que viene pasando en el presente que todo matrimonio concertado al final sale todo mal.

    Mis felicitaciones

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