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sábado, 18 de febrero de 2012

LA MADRE DE MI AMIGA (EL PODER DE LA ORACIÓN)


Tengo una amiga de mi época universitaria. Este año se cumplirán veinticinco años de que la conozco, la conocí en Santiago de Compostela cuando los dos éramos estudiantes. Era una persona que merecía la pena e,  incluso, transmitía confianza aunque nadase en un mar de dudas. Siempre sentí por esta amiga un gran cariño y un profundo respeto.

La vida nos separó y perdimos el contacto, unido a que cada uno vivía en una población diferente. Ahora sé que nunca nos separamos del todo. El azar nos volvió a conectar a través de las redes sociales y volvimos a tener noticias el uno del otro para gran alegría de los dos.

Acabo de saber por ella que su madre está muy enferma y que están verdaderamente preocupados. ¿Qué puede hacer un amigo en esta situación? ¿Cómo ayudar? Yo solo sé una fórmula y es lo que hago desde que lo supe: Rezar.

En este mundo nuestro, subyugado por la dictadura de lo políticamente correcto (algún día hablaré de ello), la oración es denostada y las críticas despiadadas al estamento sacerdotal (los curas) no se hacen esperar. Sin embargo, estudios médicos han demostrado, y no pidáis una explicación lógica, que los enfermos cuyos familiares rezaban por ellos se restablecían más rápido que los que no tenían quien les rezase. Se puede estar o no de acuerdo pero ¿hay acaso lesionados por rezar?

La oración nos reconcilia con nosotros mismos y nuestro entorno, y ya no hablo desde el ámbito cristiano sino desde cualquier religión. Todas rezan de una manera u otra. Cuando guardamos un minuto de silencio en memoria de alguien, sin saberlo,  estamos rezando por él.

Mi amiga está pasando unas circunstancias muy difíciles y con mi oración la acompaño a ella y a su familia. Lo seguiré haciendo porque es la única ayuda que le puedo dar en estos momentos y a ti lector, te pido que reces también por ella y su madre porque cuantas más oraciones lleguen a su destino mayor serán las probabilidades de respuesta.

Sea cual sea el desenlace, las leyes de la vida no son obra de los hombres; tan solo nos queda aceptar su veredicto. Pero si nuestras oraciones pueden dar otro curso a esta historia, no escatimaré una sola silaba de mis rezos. Uniros y pensar en los vuestros y pedid por ellos porque la oración puede llegar a tener el poder que algunos le niegan.

Amiga, nos estás sola, seguiré rezando.

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