Un buen día
descubres que existes,
eres niño
y te toca aprender.
Tendrás suerte o no
con quienes deban
quererte y guiarte.
Y crecerás
en la república de las decepciones,
entre heridas y golpes,
donde la valentía
irá templando tu carácter.
Y seguirás
por el sendero que llamamos vida.
No te preocupes:
da igual lo que vistas,
da igual lo que calces.
Porque, sin advertirlo,
el camino llegará a su final,
y partirás
tan desnudo
como el día en que llegaste.
Llevándote tan solo
lo que aprendiste
y la memoria
de todo lo vivido.