Ni sé por qué te escribo.
Solo sé
que tus ojos me atrapan;
siendo imposible huir de ellos.
No debería escribir estas palabras,
pero son la única forma de recordarte.
Son palabras tras el encuentro,
de una sensación que creía desterrada.
Lo sé:
no debería decirte esto.
Pero si no lo escribo, no podría evocar
el iris intenso de tus ojos,
el calor de tu frente en mis labios,
y el tacto
de tus manos en mi brazo.