Hoy te busco
entre los colores de Vigo,
entre esas luces
que tantas veces miraste
para convertirlas en pintura.
Te busco
y ya no estás.
Pero quedan tus cuadros,
tus palabras,
tus enseñanzas
y las manos de tantos
que aprendieron contigo
a mirar de otra manera.
Porque pintar
no era solamente
llenar un lienzo de colores.
Era mirar y detener el
tiempo
durante un instante
y decirle sí a la vida.
Decirle
quédate aquí.
Ahora que te has ido
quizá comprendo
que también pintabas recuerdos.
Que cada trazo
era una pequeña batalla
contra el olvido.
Y por eso
no queremos decirte adiós.
Preferimos
Imaginarte frente a un lienzo,
buscando una luz nueva
en algún lugar
donde todavía existan
los horizontes.
Mientras tanto,
Vigo seguirá teniendo
tus colores.
Y nosotros
seguiremos aprendiendo a mirar.
Porque cuando se marcha
un artista
no desaparece todo lo que hizo.
Queda su mirada.
Queda su memoria.
Queda la huella
de quien enseñó a otros
a descubrir la belleza.
Y tú, Mingos,
has dejado muchas.
Por eso hoy
no te decimos adiós.
Simplemente te decimos:
hasta siempre,
y buena suerte, maestro.
