Nunca es tarde
si los sentimientos siguen
firmes como el primer día.
Siempre sigues
cuando, sin desertar,
te acompañan las ilusiones.
Y poco importa
la vejez de tu cuerpo,
cuando tu alma
es libre,
cuando sueña,
y cuando grita
LIBERTAD.
Nunca es tarde
si los sentimientos siguen
firmes como el primer día.
Siempre sigues
cuando, sin desertar,
te acompañan las ilusiones.
Y poco importa
la vejez de tu cuerpo,
cuando tu alma
es libre,
cuando sueña,
y cuando grita
LIBERTAD.
Tierra negra
en la que sumerjo mis manos.
Tierra que rezumas vida,
ciclos,
mensajes.
Tierra negra
amarilla en verano,
ocre en otoño,
alba en invierno.
Tierra
de mis infancias y recuerdos.
Que mis pies pisaron
y cuyas hojas ocres,
moribundas
me acompañaban.
Lugar
de mis ingenuos pasados.
De caminos y paseos
y de cómplices sonrisas
con manos agarradas.
Y siempre, siempre
aquella tierra negra
en la que sumergía mis manos.
¡Dejadle que se vaya!
Grité.
¡Que nunca vuelva!
Ordené.
¡Volveré!
Dijo.
¡Y otra vez lo haré!
Amenazó.
No lo hará.
Pensé.
Esperé
a que volviera.
Jamás regresó
porque oyó mis palabras.
Desapareció.
Porque
entendió mis deseos
y obedeció mi orden.
Duele.
Cuando pretenden
hacerte invisible.
Duele
cuando hagas lo que hagas
de nada sirve.
Duele.
La mezquindad de los tuyos
cuando necesitas su ayuda.
Duele,
de verdad duele;
la carga que te obligan a llevar
sin tú pedirla,
sin tú buscarla.
Seré o no poeta,
pero mis sentidos
estallan
en forma de un
callado dios menor.
Escribo poemas
porque nunca
renunciaré a
enamorarme,
a sentir,
a mirarte,
a querer.
Puede que nunca
me llames poeta.
Entonces
llámame hombre,
grítame alma,
clama sentidos
y borra mis lágrimas.