BIENVENIDOS

Quiero contar muchas cosas
y compartir cada cosa que siento,
aportar mis ideas y que todos
tengáis algo que decir

Será poesías,
cuentos, opinión.

Aquí todo tiene cabida.



sábado, 21 de julio de 2012

DECIDME A DONDE, DECIDME CUANDO


Decidme a donde se fue, quiero encontrar su mirada. Que mil soles me digan sus idas, que Pandora entierre su caja. No digáis nada entre los susurros, dejadme en mis extraños vuelos de mis memorias. Buscaré hasta que el nunca se me manifieste, cuando jalee mi derrota, cuando llore por mis victorias. Y seguiré sus huellas entre nubes y abismos, entre silentes valles, entre ruidosas mesetas. 

Decidme a donde se ha ido, preguntad cual fue su maleta. Me niego a su ausencia, me niego a llorar, a gritar, y a sentir indulgencia. Buscaré, hallaré y tendré respuestas. Le diré al ánimo que me diga, preguntaré a cada árbol, a cada roca. Para preguntarles a donde ha ido y el porqué de su derrota.




sábado, 14 de julio de 2012

DON JOSÉ SANCHEZ GUERRA, LA ELEGANCIA ANTE TODO


Don José Sánchez Guerra, fue un destacado político durante el reinado de Alfonso XIII,  llegando a ocupar varias carteras ministeriales, incluida la presidencia del gobierno. Además de ser un personaje de gran temperamento, era también, considerado, como un caballero ante las damas.

Según cuentan, existía un parlamentario en las filas de la oposición que, con sus gracias, le fastidiaba sus intervenciones en el congreso por lo que le cogió una especial ojeriza. En cierta ocasión, durante una comida en palacio se lo encontró sentado enfrente de él,  por lo que le dijo a la dama que tenía a su lado: "Ese es el hombre que más odio en el mundo". A lo que la dama le respondió que ese hombre era su marido. Inmediatamente, para resolver esa metedura de pata, Sánchez Guerra le dijo a la dama: "Lo sé señora, por eso le odio". La dama sonrió complacida.

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viernes, 13 de julio de 2012

SIN PULSO


Sin pulso reto a los faunos
que corren entre los silencios.
Sin pulso digo vergüenza
entre jarabes de reto.

Y brincas
entre la sinópicas cumbres
de tu arañas.
Tejidas entre los desvanes de la negación,
y las soterradas cajas del nunca.

Sin pulso
me acuesto entre mis errores.
Digiriendo cuando detesto.
Sin pulso,
agarro perdones;
sin pulso...
pido silencio.



viernes, 6 de julio de 2012

1764, EL ÚLTIMO ADIÓS A LA MARQUESA DE POMPADOUR


El 15 de abril de 1764 Jeanne-Antoinette Poisson, Marquesa de Pompadour moría a los 42 años en Versalles como consecuencia de la tuberculosis. Fue amante de Luis XV de Francia y una de las mujeres más influyentes de su tiempo. De amante pasó a ser la mejor amiga del monarca galo y gran mecenas de su tiempo. A su muerte gozó de un privilegio especial: Morir en el palacio de Versalles, cuando solo podía fallecer en palacio el rey. Si un cortesano se estaba muriendo en palacio, era inmediatamente evacuado. 

Pese a que su estado de salud se agravaba, se le permitió seguir en sus habitaciones. Sus últimas palabras fueron para su confesor al que le dijo: No os vayáis, padre, nos iremos juntos. Y así fue.
Luis XV de Francia

Al saberlo Luis XV suspendió un banquete de gala. El día del entierro llovía, el rey no podía asistir ni a los funerales porque había sido su amante y sería un escándalo. Sin embargo, según nos cuenta un cronista de la época:
        El rey estaba enterado de la hora de los funerales. Eran las siete de la tarde. Hacía un tiempo espantoso. El rey tomó el brazo de Chamfort. Cuando estuvo en su aposento cerró la puerta y salió al balcón. En religioso silencio estuvo contemplando cómo se alejaba el cortejo fúnebre y a pesar del mal tiempo, a cuyas injurias parecía insensible,permaneció en el balcón hasta que el entierro hubo desaparecido. En entonces volvió a entrar en el aposento. Dos gruesas lágrimas se desprendían de sus ojos. No dijo a Chamfort otras palabras que: "Es el único homenaje que puedo rendirle."

Había perdido a su mejor amiga y ésa era la única forma de despedirla que tenía el rey del país más poderoso de Europa.

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CUANDO DUELE MIRAR, CUANDO DUELE SENTIR


Siento el peso del pasar. Camino entre baches de desilusión mientras tu mirada desaparece ante cada doblar. Y dejas de reinar, dejas de reír y pasas entre mis sombras. Secretos de quien guarda lo que solo sabrá de quien solo dice.

Me llamas, gritas, desaparezco. Y te pierdo cuando te busco y te encuentro cuando huyo. Y me persigues porque sabes mi dolor al mirar. 

Tañen dos veces las campanas de donde vengo, de donde iré y a donde regresaré. Y verás que nada es tarde, porque nunca ocurrió de veras y el espejismo se estrella entre realidades de quien quería tu pesar y desengaños. 

Deseo tu abrazo entre pasados de noches festivas, de amigos que nos amaban. No quiero nostalgias, tan solo futuros reales de quien se dio cuenta de todo, en el medio de la nada.



sábado, 23 de junio de 2012

EL AMIGO AUSENTE


Fueron hueros términos que dejaron sus jirones a su paso. Pesadillas vacuas de mis yoes eternos de pesares rotos de cuando se marcaron las vidas permitidas. Fueron termas que enfriaron sus pasiones de errabundos honores.

Vanidad de vanidades de quien recuerda a su amigo ausente. Y sus rostros regresan en callados avisos que tornaron a sus recuerdos, a su memoria, a sus silencios. Devolvedme al amigo perdido a aquellos juegos pasados. Cuarenta años de recuerdos y de eternos descubrimientos. Solo quiero volver a rezarle y pedirle que me espere. Para coger otra vez mi pelota y retornar a nuestros juegos.


sábado, 16 de junio de 2012

MI AMIGO PEPOTE


Durante mi infancia tuve en el colegio dos amigos cuya relación era especial. Uno de ello se llamaba Pepote. Problemas  que tenía, en aquel entonces, me generaban inseguridades a la hora de jugar y de relacionarme que ellos disipaban. Cuando jugaban al fútbol conmigo, mis temores desaparecían, tales eran la confianza y seguridad que Javier y Pepote me lograban trasmitir.  Pepote y Javier eran mis mejores amigos de colegio. 

La última vez que  vi a Pepote fue a principios del verano del 75 en la cola de un cine y se lo presenté a mi madre; me alegré mucho de verle. Dos semanas más tarde, con diez años, mi madre me llamó una noche, tras colgar el teléfono. Me comunicó que mi amigo Pepote había fallecido en un accidente de tráfico. A los dos días acudí a su entierro acompañado de mi padre. Fue el primer entierro que asistía y mi interior se rebelaba a aceptar que mi mejor amigo pudiera estar en aquel ataúd. No; para mi no podía estar muerto. 

Lo que recuerdo de aquellas jornadas fue que lloré muchas noches de aquel verano. Ahora me doy cuenta de que algo se rompió dentro de mí con su marcha. 

Durante todos estos años, cuando acudía al camposanto en día de difuntos, me acercaba a rezar ante su nicho. Era fácil de identificar porque en su placa un sencillo epitafio rezaba: Pepote no te olvidamos.  Suscribí siempre esas palabras y pasé a mi adolescencia, juventud y madurez recordándolo.

Recientemente, el azar hizo que aparcase mi coche delante del cementerio, y cuando terminé mis gestiones entré para rezar a mis familiares que allí descansan. No me olvidé y me acerqué a visitar su tumba. Para mi desolación su lápida ya no estaba,  había sido removida después de tantos años. No sabría describir lo que sentí.

Dicen que una persona muere realmente cuando ya no queda quien le recuerde. Y yo me niego a olvidarle, y también, siempre recuerdo a su madre (su padre ya había muerto y él era hijo único) la primera y única vez que la vi fue el día del entierro. No sé que ha sido de ella, medios para localizarla me sobran pero ¿qué le diría? ¿sería lícito remover viejos fantasmas después de casi cuarenta años? No, si las cenizas se remueven hay riesgo de que todo vuelva a arder. Es mejor dejarlo así.

Mi amigo Pepote fue una gran influencia en mi niñez, era ese amigo que eché en falta en mis años posteriores, pero allá donde esté, sé que seguiremos siendo amigos y que nunca dejaré de tener, para él, un cariñoso recuerdo. 

Un fuerte abrazo Pepote de este niño que nunca te olvidó.