BIENVENIDOS

Quiero contar muchas cosas
y compartir cada cosa que siento,
aportar mis ideas y que todos
tengáis algo que decir

Será poesías,
cuentos, opinión.

Aquí todo tiene cabida.



jueves, 25 de agosto de 2011

TIEMPOS



Volverá el tiempo que nos quisieron robar,
serán mis marcas
y mis cicatrices
quien te los traiga.

El tiempo será tu mirada en el retrato.
Verá tu sonrisa en la pared
y me amarás disuelta en tus pasados
a la espera de futuros.

Te quiero
mientras miro tu retrato.
Te amo
mientras pido regresar a tu presente.

Mientras busco terminar con tus futuros
en algún lugar del tiempo,
en algún lugar del mundo.

martes, 23 de agosto de 2011

MI MEMORIA



Siento mi vida encarnada de tus recuerdos
siento tu piel en mi mente;
tu mirada exigente de ternura
y tus dardos disparando memoria.

Deseo llevarte a la isla de mis pasados,
quiero convertirte en presente,
deseo amarrarte en futuro.

Un cristal que nunca se rompa
con sonoros errores perpetuos.
¡Dame tu presencia para saciarme!
¡Dime el porqué de tus encuentros!

La dote será nuestro error
y las arras
el rencor del desacierto.
¡Mírame y dime lo que piensas!
Llama candente de obras,
portales proscritos de mi memoria.

LLAMADA


Quiero contestar tu llamada
de historias desafortunadas,
una mirada suave
que gime en mi garganta
que desoye
al llamar de tu mirada.

Descuelga su sinsabor amargo,
decanta los lazos de mi mármol
y canta la tierra de sus estragos
mientras dice un adiós desesperado.

lunes, 22 de agosto de 2011

1940, LA GRAN SORPRESA DE UN OFICIAL ALEMÁN


Cuando los alemanes invadieron Holanda en Mayo de 1.940, un destacamento entró en Doorn una pequeña población en el centro de los países bajos. El oficial alemán al mando, preguntó a un lugareño quién vivía en aquella mansión rodeada de un magnífico parque. El interpelado, extrañado,  le preguntó al oficial germano si no lo sabía él, a lo que el militar alemán le insistió que le respondiera. 

La respuesta del habitante de Doorn dejó estupefacto al militar:  El emperador de Alemania Guillermo II.

Sin saberlo, aquel oficial de la Wermach había encontrado el lugar de exilio del otrora todopoderoso Guillermo II de Alemania, exiliado desde 1918 y que en 1940 aún vivía a sus 80 años de edad. 
Guillermo II a finales de los años 20
  durante su exilio en Holanda
(Archivo Federal Alemán)

La gran historia menciona al  Kaiser a la hora de hablar de la I Guerra Mundial, pero desaparece de los libros de historia en Noviembre de 1.918 cuando el príncipe  Max de Baden anunció su abdicación. Pero su vida continuó.

Trasladado a Holanda tras la proclamación de la República de Weimar, ésta le respeta su patrimonio personal por lo que está entre los más ricos de Alemania. Reunida la familia imperial con la llegada de la emperatriz en Diciembre de 1.919 adquiere el castillo de Doorn-Huis y fija allí su residencia. En un principio, el gobierno holandés limitó sus movimientos a cincuenta kilómetros a la redonda de su residencia y los aliados intentaron pedir su extradición para juzgarle, hecho que causó una gran indignación en Alemania en todos los sectores de la sociedad. Finalmente las restricciones fueron levantadas.

Su vida es tranquila y metódica. Ha cambiado de aspecto y ha pasado de su bigote tan característico a dejarse barba. Se levanta a las siete de la mañana y tras el oficio religioso, lee la prensa alemana e internacional, pasea por los inmensos jardines de su propiedad y escribe sus recuerdos para lo que demuestra una gran memoria. En otras ocasiones sale a pasear por Doorn donde se para a hablar con sus habitantes, los cuales lo aprecian. Su principal afición es la floricultura, por la que obtiene muchos premios, y las lecturas (para ello cuenta con una excelente biblioteca). En 1.921 falleció su esposa la emperatriz Victoria Augusta; al año siguiente, contrajo nuevas nupcias con la princesa Herminia de Reuss, también viuda y treinta años más joven que él.

El Kaiser flanqueado por su hijo Guillermo y su nieto mayor Guillermo de Prusia que moriría en 1940 durante  la campaña de Francia como oficial del ejercito alemán tras renunciar a sus derechos al trono.
 Durante su exilio, la infanta Doña Eulalia de Borbón, hermana de Alfonso XII de España, nos cuenta en sus memorias acerca de una visita realizada en 1.930 a Doorn. Según ella el emperador destronado "... Vive modestamente (sic)[....]. En su servidumbre solo hay un criado, una criada, un cocinero y un chófer. No hacen servicio más que en la casa un gentil hombre y una dama para la princesa Herminia , su segunda esposa, y completa el menudo círculo un médico, galeno  que cada mes cambia la Sociedad Médica de Berlín".
Guillermo II y la princesa Herminia paseando por Doorn

Se mantiene informado sobre la actualidad alemana  le preocupa el auge de los comunistas en su país, dado que muchas de sus rentas provienen de allí. Sin embargo no interviene en política, cuando el mariscal Hindenburg le pide permiso para presentarse a las elecciones presidenciales, le deseará toda la suerte del mundo, pero no hará campaña en su favor. Él considera su vida política como una página escrita y  un libro cerrado y actúa en consecuencia. Herman Goering lo visita pero el enviado del futuro Führer no le cae simpático. Como muchos alemanes piensa que Hitler devolverá la grandeza a su patria maltratada por el leonino tratado de Versalles. Pero acabará renegando de él cuando supo del trato dado a los judíos. Aún así le enviará un telegrama de felicitación por la  entrada de los alemanes en París y la victoria sobre Francia.
Mausoleo en Doorn donde está enterrado Guillermo II
Al estallar la guerra seis de sus nietos luchan en el ejército alemán como oficiales, y el primogénito del príncipe heredero (tercero en la línea sucesoria) morirá en la campaña de Francia. Por lealtad a su pais, rechaza el ofrecimiento del gobierno británico  de ser evacuado a Gran Bretaña cuando lo alemanes invadieron Holanda.

Seguirá viviendo apartado  de cualquier cuestión política hasta su muerte el 4 de Junio de 1.941. Según sus deseos, fue enterrado en Doorn, y permanecerá allí mientras no sea restaurada la monarquía en Alemania. Durante su entierro le rindieron honores un batallón exclusivamente militar y el Gauletier para Holanda representó a Hitler  en los funerales.

Con ello se cerraban veintitrés años de una historia desconocida para el gran público y que un oficial alemán desconcertado abrió el año anterior. 

sábado, 20 de agosto de 2011

1932 , EL FALLECIMIENTO DE DON MANUEL II ÚLTIMO REY DE PORTUGAL


Quien visite en Lisboa la iglesia de San Vicente de Fora, ha de acudir obligatoriamente a la zona reservada a los reyes de Portugal. En ella llama la atención un panteón con la siguiente inscripción: AQUÍ DESCANSA EN DIOS EL REY D.MANUEL II, QUE MURIO EN EL EXILIO BIEN SIRVIÓ A SU PATRIA. Tras ese epitafio se esconde la historia de un rey exiliado que nunca renunció al Portugal que tanto amaba y al nunca negó ninguna ayuda desde su nueva situación.

El 2 de julio de 1932, moría en su exilio de Inglaterra, a los cuarenta y tres años de edad, Don Manuel II de Braganza y Orleans, último rey de Portugal, tras veintiuno años, dos meses y veintidós días de destierro.
Don Manuel II durante su exilio en Inglaterra
El fallecimiento de don Manuel II supuso una triste noticia en Inglaterra, donde era muy conocido y estimado. Jorge V y su familia quedaron muy afectados; el pabellón real británico fue izado la media asta en señal de duelo. La prensa europea dedicó editoriales con la noticia. La capilla ardiente se dispuso en la cripta de la iglesia católica de Weybrigde (Londres), mientras se decidía su entierro final.

Don Manuel había escrito en 1915, el deseo de ser enterrado en Lisboa, en el reservado contiguo a la iglesia de Sâo Vicente de Fora, destinado a los reyes de Portugal, allí estaban enterrados su  padre   y  su  hermano   mayor.    Aunque  las leyes  de   destierro seguían vigentes, aquel odio irracional hacia la monarquía se había apaciguado. De hecho, la República portuguesa no tenía nada personal contra don Manuel, sino contra la institución que encarnaba. Los telegramas y las muestras de condolencia procedentes de Portugal no se hicieron esperar, incluso de muchas instituciones portuguesas.

Oliveria Salazar en sus primeros años de primer ministro. Una de sus primeras actuaciones como tal será repatriar los restos mortales del último rey de Portugal
El mismo mes en que había fallecido Manuel II, juró como primer ministro de Portugal Oliveira Salazar, el cual, en su etapa de ministro de Hacienda, había solucionado el problema económico de Portugal, convirtiéndose así en el hombre fuerte del país. El nuevo gobierno portugués, presidido por él, dio el pésame a la casa de Braganza y les hizo saber, tras consultar con su embajador en Londres, que cumplirían los deseos del difunto rey.

Mientras se tramitaban las últimas gestiones para el traslado de los restos mortales de don Manuel II, Portugal se preparó para recibir al que había sido su monarca. Incluso aquellos que habían provocado su caída quisieron estar presentes para honrarlo; la coalición de antiguos partidos políticos republicanos denominada “Frente Único”   hizo  saber      que  se     harían representar en los funerales. 

SAR don Duarte Nuño, padre del actual jefe de la casa real portuguesa, será él quien herede los derechas dinásticos de Don Manuel II, hecho que sería reconocido por la República Portuguesa
Por otra parte, los representantes de don Manuel II declararon “[...] que los monárquicos portugueses son favorables a la candidatura de don Duarte II al trono de Portugal, pero sin pensar por ahora en un cambio de régimen y pretender el apoyo del país, gobernado en régimen republicano”. Finalizado el mes de julio, todo estaba listo para el traslado.

El 29 de julio el buque de guerra británico Concord zarpó de Portsmouth con el féretro que contenía los restos mortales del rey. Al llegar a las aguas jurisdiccionales portuguesas, lo esperaban un torpedero de la armada portuguesa y un navío de guerra de la misma nacionalidad que hace de escolta. Cuando se encontraron con el Concord, los navíos de guerra portugueses izaron sus banderas la media asta. A continuación, el féretro fue trasladado al torpedero y los dos buques portugueses viraron en dirección a Lisboa.


En el puerto lisboeta, recibió el féretro con los restos mortales de don Manuel II, el gobierno de la república portuguesa al completo, con Oliveira Salazar al frente y las más altas autoridades civiles y militares de la nación. Desde allí fue llevado solemnemente y con todos los honores a la iglesia de Sâo Vicente de Fora, donde, tras un solemne funeral de cuerpo presente, se le dio sepultura a quien, en el momento de escribir estas líneas, es considerado el último rey de Portugal. Con ello se hacía justicia a un rey que, aunque exiliado, jamás había escatimado ningún servicio a su patria.


El autor ante la tumba de Manuel II en 1.999




Para saber más.

viernes, 19 de agosto de 2011

TU FE



Emanas tus ojos teñidos de fe,
dices lo que nada insistieron.
Y miras un horizonte perenne
que existe,
que ama, 
que suplica.

Te encadenas en ilusiones
deshechas de virtud.
¿Dónde eres?
¿Dónde estás?
¿Dónde el futuro que elegiste?

Y sigues con tu fe pintada en tu rostro
oteas horizontes salvadores desde la terraza.
Dices libre, gritas ven,
mientras los tules que te encadenan
arden
en un lloro perpetuo.